La Necesidad de Innovar
Un reto y una oportunidad para las Pymes
Dado que la innovación es una necesidad nacida como respuesta a una constante sucesión de cambios, provocada por importantes transformaciones en las relaciones económicas y sociales del entorno en que las empresas desarrollan su actividad, los empresarios no tenemos otro camino que innovar, buscando el mejor modo de hacerlo y gestionando adecuadamente nuestra capacidad innovadora.
Más allá de la I+D
La innovación no se circunscribe exclusivamente al ámbito de la investigación científica y el desarrollo tecnológico (I+D), sino que puede y debe adoptar múltiples formas. La “i” minúscula de la I+D+i, la innovación en sentido amplio, tiene infinidad de manifestaciones. Se puede innovar en los productos y la producción, en la estructura organizativa, en el marketing y la comunicación, en los grupos de trabajo, los recursos humanos, y en aspectos tales como la gestión de la información, marcas y cultura corporativa, también se puede innovar acudiendo a la cooperación empresarial, a través de la calidad o la responsabilidad social de la empresa, por ejemplo. El abanico de soluciones para innovar es muy amplio.
La innovación en la PYME
Innovar es uno de los actuales grandes retos de las PyMES. Tradicionalmente, la innovación ha sido asociada a un contexto determinado: la industria y la tecnología, dejando de lado la realidad de las PyMES. Sin embargo, dado que son precisamente las PyMES el grueso de las empresas de nuestro país, y puesto que la innovación afecta a todas las áreas funcionales de la empresa, la tendencia actual es diferenciar innovación y gestión de Nuevas Tecnologías.
Es innovadora aquella empresa que, asumiendo el riesgo inherente al cambio, sabe reconocer las oportunidades del entorno y posee una estructura y unos recursos humanos competentes para hacer del cambio una oportunidad.
El proceso de innovar
Uno no se levanta por la mañana con una idea innovadora y al día siguiente se convierte en algo aceptado por el público. El proceso de innovación exige avanzar a lo largo de diversas etapas: partiendo de la generación de ideas, la selección de la idea a desarrollar, el desarrollo de la misma y la elaboración de un plan de implantación, podríamos avanzar con el diseño o formato de la idea, la protección de la misma y su publicitación para luego probarla y lanzarla al mercado. Es precisamente esta última etapa, la de comercialización y distribución de la idea o innovación el fin del proceso, pero el inicio de otro nuevo proceso que estará marcado por la aceptación o no de esa innovación en el producto o servicio por nuestros clientes actuales y/o potenciales.
Innovar es pues una actitud frente a la vida, muy ligada a la capacidad emprendedora y a la valentía del empresario. En este sentido somos los jóvenes empresarios quienes hemos de estar más predispuestos y quienes hemos de mostrar mayor capacidad para hacerlo: es hora de innovar.
Innovar cooperando
En palabras de Miguel Ávila, ponente para Castilla y León de los Fondos Estructurales, “hay que cambiar de filosofía en torno a la innovación… las empresas han de integrarse en redes, crear lobbys fuertes, ser innovadoras y creativas e informarse sobre el abanico de oportunidades generadas en torno a la competitividad… en otras palabras: existe una importante oferta de ayudas, tan sólo hay que organizarse para utilizarlas bien”. En este nuevo escenario europeo, el empresario está desde el principio en la programación de actuaciones, se ha contado con él en el diseño de las iniciativas, ahora sólo hace falta que concurra activamente y trabajando en redes de cooperación para disfrutar de los fondos existentes y aplicarlos para el incremento efectivo de la productividad y la competitividad, vía innovación.
Tal y como señalaba ya en 2000, J.M. Bricall (Informe Universidad 2000), “las empresas no pueden innovar de forma aislada. Han de mantener, necesariamente, un conjunto de relaciones, formales e informales, con otras unidades (proveedores, clientes, fuentes de financiación, competidores), con los mercados de factores, con instituciones del sistema de enseñanza y de investigación científica y tecnológica, con organizaciones que actúan de contacto o relación entre ellas… La empresas existen pues, desde el punto de vista tecnológico, en el seno de redes en las que se comunican y cooperan con otros agentes que les aportan elementos complementarios (información, conocimiento tácito, habilidades, …) a los que ya poseen internamente para desplegar sus propios procesos de innovación”. En este sentido las relaciones Universidad-Empresa tienen ahora más sentido que nunca. Es en el nuevo marco de Fondos Estructurales en el que ambas instituciones han de unir esfuerzos y desarrollar proyectos conjuntos.



Comentarios